viernes, 19 de diciembre de 2008

A todo lo que no conocemos
lo llamamos:
Amor
o
Miedo

Por falta de mejores palabras

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Nunca confies en alguien que no tenga sentido del humor



Foto: Ezequiel Mazariegos

martes, 16 de diciembre de 2008

Cuestión de tiempo

A medida que uno aprende a esperar, se va volviendo más paciente...

¿Qué ejercito de médicos podría enfrentar a esta generación espontánea de pacientes?
Saliendo de casa, parada sola en la esquina una mujer hace el esfuerzo por no mirarme. Ella sabe que yo la miro y con mi vista amenazante la hipnotizo para arrancarle una mirada. La primera vez que mira se sonroja e intenta cruzar la calle sólo para darse cuenta de que un auto viene a toda velocidad, entonces se detiene. Yo la miro más intensamente para ponerla nerviosa, para quitarle unas palabras aunque sea. Se inquieta al punto de moverse en el lugar y yo la sigo molestando con mi sola presencia. No me acerco; ella no me mira. Ahora los dos estamos un poco inhibidos; yo siento que me mira un perro de manera obscena. Nosotros tres, eso es: la mujer, el perro y yo formamos un triángulo equilátero que se rompe sólo cuando el perro decide acercárseme. Yo respondo alejándome de él y acercándome a la mujer. Ella me mira desconsolada y va a decirme algo. Trato de escucharla por sobre el sonido de los autos pero sus palabras se me escapan. Pido la repetición. Ella me pega una cachetada y se va rápidamente. El perro me mira ofuscado y se aleja con resquemor. Permanezco sin cruzar la calle tratando de entender lo que acaba de pasar.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Todos queremos ser comprendidos



Creo

viernes, 12 de diciembre de 2008

Te veía por las calles con las manos agrietadas por el frío y el peso de las bolsas. Esperaba todas las noches en el mismo banco de madera, bajo la misma neblina que respirabas. Entre bocanadas suspirabas algunos versos. Amaba oírlos, ver tu boca moverse apenas poniendo en funcionamiento las sombras. Amaba perseguir las sombras junto a ti, verte entregándote dócilmente a la noche. Recuerdo cuando tú y la noche eran aliadas. En aquellos tiempos solías atarte el pelo por miedo a que te descubrieran de imprevisto. Tus ojos solían fosforecer como si recordaras permanentemente algo. Caminabas pausadamente escribiendo con tus huellas tu historia sobre el pavimento mojado. Usabas el ritmo de tus pasos para respirar. Nunca mirabas para atrás, aún cuando oías pasos detrás de tí. Las callecitas te esperaban siempre expectantes, como te esperaba yo.
Recuerdo como de lejos parecías una figura recortada sobre la luz de las marquesinas. Eras inconfundible, acaso porque el viento jugaba con tu ropa cariñosamente. Quizás por eso no lo desafiabas ni te preocupabas por su empuje. Eras la única con bufanda, la única con frío. Nunca supe tu nombre pero lo imagino simple y común, no como la ambiciosa tapa de un libro. Nunca lo necesité, siempre me bastó con observarte.
En esas noches largas de invierno me hubiese gustado hablarte, acercarme y completar alguno de tus versos. Tal vez debería haber dicho algo la primera vez que te vi cuando supe que te recordaría. Ahora te olvido porque es inexorable, es parte del juego. Las calles se borran de mi mente, se borra el frío y tus ojos. La gente a mi alrededor se pone de pie y aplaude mientras los últimos actores saludan; tú apareces última. El telón se cierra delante de ti y la gente se prepara para irse.

jueves, 11 de diciembre de 2008